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EL LABRADOR RETRIEVER COMO PERRO GUIA DE INVIDENTES. 
 
Esta  raza, junto con el golden retriever, es la que mejor desempeña la labor de asistencia como perro guía para invidentes, tarea que realiza con extraordinaria precisión y singular dedicación; sin embargo, para conseguir excelentes resultados es preciso acudir a una escuela especializada, puesto que en ella se imparte una forma de adiestramiento muy específica, que se lleva a cabo siguiendo unas normativas muy concretas.

En la Universidad Canina adiestramos a perros lazarillo para que un día puedan llegar a ser, no sólo los ojos de un invidente, sino la prolongación de su propia persona. Además y esto tiene tanta  importancia como lo anteriormente dicho, se convierten en amigos con una dedicación horaria total, equivalente al ciento por ciento del tiempo, tanto el de las horas de sueño como el de las empleadas en la asistencia diaria. cuando lo acompaña de un lado a otro para ayudarle a realizar una vida completa y a trabajar sin traumas, como si dispusiera realmente del sentido de la vista.
 
Como ya se ha dicho, la selección del perro se realiza básicamente teniendo en cuenta el carácter del animal. En principio, incluso los perros que no son de raza pueden resultar aptos, aunque en este caso se descarta la posibilidad de que tengan descendencia, pues es difícil poder predecir la clase de cruce que hay que efectuar con estos perros para que se transmita el carácter.

En la práctica, las razas que se dedican principalmente a esta clase de trabajos son tres, y las citaremos según el porcentaje de ejemplares que los realizan: el golden retriever, el labrador retriever y el pastor alemán. También puede llevar a cabo esta labor cualquier tipo de perro pastor, como el collie, el pastor belga, el briard, etc., aunque individualmente, como ya hemos dicho antes, cualquier perro pueda desempeñar un buen trabajo como perro guía. El labrador retriever es, pues, a escala mundial, la segunda raza dedicada a estos trabajos especializados.

En igualdad de condiciones, se considera que la hembra tiene mayores posibilidades de éxito como perro guía, pues sabido es que el macho podría dejar a medias su trabajo si oliera a una perra en celo, movido por el interés de cubrir a la perra que estuviera olfateando.
 
Sistemas de selección.
            
Las estadísticas sobre sistemas de selección nos dan como cifra media de aprovechamiento alrededor del 20 por ciento de la totalidad de los cachorros estudiados. Existen métodos para determinar el grado de inteligencia y las posibilidades de dedicación total, cualidades requeridas para que un perro pueda llegar a realizar su trabajo con rapidez y precisión; como mínimo, con las necesarias para que el invidente se sienta realmente asistido.

En la misma escuela hay hembras y sementales seleccionados en función de su buen carácter, probado tanto en el macho como en la hembra. Disponer de sus pedigríes facilita en gran medida las tareas de selección, puesto que en ciertas ocasiones pueden proporcionar información sobre determinados antecesores cuya dedicación en este sentido haya sido significativa.
 
Preparación del cachorro.
            
Aproximadamente a partir del momento en que el cachorro cumple los cuatro meses, el profesional especializado empieza a comprobar las características psíquicas del perro; silo considera oportuno, se inician entonces las primeras lecciones, que son las más elementales y que, poco a poco y gradualmente, dejan de ser muy generales para pasar a ser especificas. Entre los ocho hilos diez meses, las lecciones se intensifican y, en circunstancias normales, la preparación queda finalizada entre los catorce y los dieciocho meses de edad del perro, aunque siempre pueden darse ciertas diferencias en la capacidad de aprendizaje de cada individuo. Estas diferentes aptitudes para el aprendizaje, en ocasiones dificultan que se pueda establecer desde un principio el tiempo exacto que precisa un determinado ejemplar para que se pueda considerar completamente preparado para realizar las tareas, tanto funcionales como de tipo humanitario.
 
El adiestramiento del perro
            
Para adiestrar a un perro guía no basta con tener grandes conocimientos, sino que, para lograr el éxito, además de requerirse un conocimiento profundo del método y una amplia formación en esta clase de trabajos, es preciso estar dotado de una paciencia sin límites. Por lo general, las personas que se dedican a preparar perros  guías tienen un ayudante que, en el futuro, una vez que haya aprendido los distintos métodos, estará a su vez en condiciones de preparar a otros perros. Una regla general aplicable en todo momento es no tener prisa por conseguir resultados, pues cuando se pretende inculcar una enseñanza de forma atolondrada, es decir, cuando el adiestrador se pone nervioso, transmite su estado emocional al perro, que a su vez se siente incapacitado instantáneamente para realizar algo de provecho.
 
Reacciones del perro guía.
            
Como en todas las facetas de la vida, entre los humanos hay personas más sabias y personas que no lo son tanto, lo que, como es natural, es aplicable también al mundo del perro guía. Entre los perros buenos y bien preparados, los hay con una capacidad normal, otros considerados excelentes y. dentro de este grupo, de vez en cuando se encuentra alguno francamente extraordinario.

La diferencia más grande entre un perro guía normal y uno  extraordinario se encuentra en que mientras el uno conserva y mantiene durante toda su vida la educación adquirida, el otro, a partir del momento en que perro y amo superan el periodo de adaptación, en general se considera normal un mínimo de un mes, empieza a descubrir nuevos horizontes. Por decirlo de otra forma, el amo percibe que su compañero es algo más que un ejemplar normal, porque aplica su iniciativa de tal manera que se supera día a día. Para descubrir ejemplares de estas características, es preciso que el amo esté dotado de una gran sensibilidad que le permita apreciar ciertas reacciones del perro, y que éste, por su parte, note que su intención ha sido interpretada. Es a partir de ese momento, y no antes, cuando se descubre al perro extraordinario.

¿Cómo descubre el perro ciertos secretos?
            
En las tareas de preparación debe tenerse en cuenta que el perro no distingue los colores, y los que distingue no se corresponden exactamente con la forma en que nosotros los vemos. Así, mientras que una persona dotada del sentido de la vista espera a que el semáforo se ponga verde para atravesar la calle, el perro identifica el color rojo como el que está situado en la parte superior, el ámbar como el central y el de color verde como el inferior. El perro bien adiestrado sabe que la luz superior (roja) indica que debe detenerse y, por tanto, espera a que se encienda la que ocupa la parte inferior, es decir, la que nosotros vemos de color verde. El hecho de que otro peatón circule cuando no debe no altera en lo más mínimo el comportamiento del  perro debidamente preparado.

Para hacer una valoración correcta de este tema debemos descartar la idea de que el perro actúa solamente según unos reflejos condicionados, puesto que todos los seres vivos actúan por reflejos condicionados, el ser humano incluido. Pero también existe una segunda categoría compuesta por los seres que consideramos superiores, entre los que, evidentemente, se cuentan los humanos, así como algunos animales, como el delfín, el loro, el perro, el gato y toda una serie de primates. La inteligencia, facultad considerada Superior, es la capacidad de deducción que permite elegir, en un momento determinado, entre dos o más posibilidades, con todas las consecuencias que ello comporta. Evidentemente, ante este tipo de acción no es válido considerar que el perro actúa por un reflejo condicionado.
 
Atenciones que necesita el perro guía.

Muchas veces, cuando se habla del perro guía, se le atribuye toda una serie de maravillas, entre las que, por supuesto, ocupa un primerísimo lugar el hecho de que su dedicación sea permanente, es decir, de veinticuatro horas al día. Sin embargo el perro guía también tiene sus problemas: por ejemplo, tiende a la obesidad por falta de ejercicio. Para evitar que esto ocurra, debemos reservar para él ciertos días y ciertas horas de tiempo libre, pues hay que pensar que también tiene derecho a la vida y, por lo tanto, a tener contacto con otros perros. Si procuramos que realice ejercicio, además de alargarle la vida, lo mantendremos sano por más tiempo y, así, evitaremos las clásicas enfermedades por falta de movimiento, entre las que destaca la obesidad, aunque podríamos asegurar que casi todas las enfermedades provienen de la falta de ejercicio. Mientras el perro realice una actividad de mantenimiento, aparte de disfrutar de la vida, que es lo que todos pretendemos, desempeñará sus tareas humanitarias con mayor seguridad.
 
Conclusión

Encomendar la guía permanente del invidente a un perro es algo muy serio, pero la experiencia adquirida a través de los años, especialmente apreciada en el transcurso de la última mitad de siglo, nos demuestra la seguridad de este sistema, aun cuando se ponga en práctica en la vida agitada de las grandes capitales. Las posibilidades de riesgo quedan enormemente reducidas; en muchas ocasiones, cuando al pasar la calle un vehículo no respeta una señal de tráfico, muere el perro guía y el invidente resulta ileso gracias a la intervención rápida y segura de su perro, que actúa con precisión  arriesgando la vida para protegerlo del peligro. Casos así son realmente impresionantes, pero nos demuestran el grado de seguridad que puede llegar a ofrecernos un perro guía perfectamente adiestrado.

Al invidente se le presenta el gravísimo problema de que, mientras el promedio de vida de los humanos alcanza y supera con facilidad los setenta años, la vida útil del perro guía difícilmente sobrepasa los doce; por tanto, a lo largo de su vida, el vidente necesitará cinco perros o más. La juventud y la inexperiencia del nuevo ejemplar contribuyen a crear la sensación de que el anterior era mejor aunque en realidad no lo fuera, lo que representa un motivo de inseguridad durante los primeros meses de adaptación al nuevo perro, que, afortunadamente. más adelante adquiere práctica y soltura, posiblemente las mismas que el anterior.
 
 
          


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